Cuento: Detrás de la Vitrina


Autora: Lizette Sarahí Enríquez Valencia, enlace de la Unidad de Género y Derechos Humanos en el Poder Judicial del Estado de Colima.

De fuera es como una fábrica común, no hay ningún rótulo que indique desde el exterior cuál es el producto que se fabrica adentro, pero nosotros sabemos a lo que vamos ahí, quizá por eso nos parece novedoso todo y queremos detectar cualquier detalle que nos informe lo que se hace al interior de esa fábrica tan hermética … o tan común, pero nada, sus edificadores fueron muy buenos, no hay ni la más mínima pizca de nada, sería mucho esfuerzo el querer extraer pistas de donde no las hay, si decimos, por ejemplo, que se siente una vibra extraña, que el aire se vuelve turbio, o se percibe una energía oscura, no, la realidad es que nada, ni siquiera eso.

No sabíamos más que por rumores que ya existían lugares así, y cuando contactamos a la persona encargada de “la transacción” nos dijo enérgicamente que guardáramos el secreto, porque no era una práctica ilegal, ilícita ni mucho menos, había personas importantes que tenían una gran cantidad de acciones en la empresa, pero no falta la gente revoltosa que quiere verle problemas a todo y salen con sus discursos pro-derechos, fanáticos desquehacerados que no pueden ver cuando la gente se supera y amenazan con destruir sus proyectos y lo más importante: nuestro sueños, así que para evitarnos un mal rato, era conveniente que todo se mantuviera sin mayores aspavientos.

Lo medité y pensé que quizá estaba bien guardar silencio, no soy enemiga de los fanáticos de los derechos, a veces incluso les doy like en sus páginas de Facebook porque me parece que lo que proponen es justo, sobre todo con esta nueva ola de violencia global que amenaza especialmente a nuestro sexo: que la mujer violada y empalada en Mar de Plata, Argentina, que la niña de 15 años que fue enviada a una cárcel de hombres y sufrió todo tipo de abuso sexual durante 30 días, que la niña de dieciséis años en Hidalgo, México que fue cambiada por unas cervezas y unos guajolotes, y así, se suman y se suman notas deprimentes, cierto que a veces pienso que no me debería detener a leerlas, ni siquiera puedo hacer mucho más que darles like y provocar que mi café me sepa más amargo. Aunque vaya usted a saber… todo se ha vuelto últimamente tan relativamente cierto, son tantas las verdades que ninguna es indudable, ya estoy creyendo que quizá ellos mismos se inventan las notas para tener una causa que les permita existir, malditos existencialistas, probable que sus ociosas vidas los obliguen a inventarse algo, y se les ocurren cosas tan pero tan sacadas de los pelos, como si no tuviera mis propios problemas. Claro que no le confieso a este tipo que nos está guiando hacia el interior de la fábrica que a veces declino en mis bajas pasiones de justicia y paz mundial, porque se advierte que él es un hombre sensato que no se deja llevar por las pasiones mundanas, y tal vez, si se da cuenta de mis dudas puede que no sea una candidata óptima, con lo que nos costó trabajo acreditar el proceso para resultar idóneos, confiables, y de más, ahora sólo callar.

Nos conduce a una sala protegida, es como una gran bóveda de seguridad, y ahí hay cuerpos expuestos, entonces tienes la posibilidad de elegir el vientre de tu preferencia ¡magnífico! Además, los hay de todos colores, credos, consistencias, texturas, grandes, pequeños, abultados y cóncavos, y me siento como niña en juguetería, puedo seleccionar el que prefiera, el que me haga sentir más segura. Estos tipos de la fábrica piensan verdaderamente en todo y al lado de cada vientre, al que para fines prácticos podremos llamarle “producto”, tenemos una pantalla que menciona con precisión sus características: producto caucásico, excelente estado de salud, atleta por 5 años, garantía de 3 partos en óptimas condiciones, participa en causas altruistas como alimentar a los niños de Siria, etc.
Nos miran impávidas, parecen serenas o más bien: sedadas. Nos recomiendan no detenernos mucho en analizarlas a ellas, digo, a los productos, lo que quiero decir es que son sus vientres los que importan. Sin embargo, tengo mucha curiosidad de ver sus ojos, algunos son esquivos ante las miradas, otros están perdidos en la nada, y me pregunto: ¿qué estarán pensando mientras recorremos sus vitrinas y no las seleccionamos? ¿Serán felices si las elegimos a ellas? Ni manera de preguntarles, se encuentran como en estado hipnótico, y hay un gran letrero en la entrada que no permite que te acerques a más de medio metro y con letras rojas aparece: “NO HABLAR CON LOS PRODUCTOS”.

Oiga – le pregunto al anfitrión – pero ¿Ellas se alimentan? ¿Se ejercitan? ¿Salen de aquí? Entiendo que tuvieron un pasado allá afuera ¿si lo tuvieron, no? y tienen un ¿presente? El anfitrión me dice muy amable y convincente que comparte plenamente nuestras inquietudes, son las dudas de rutina en todos los clientes, y que no hay de qué preocuparme, ya que cualquier producto que elija estará en óptimas condiciones, son alimentadas con todos los nutrientes que nuestros “encargos” requieren, este proceso de alimentación se realiza mediante sondas para que no se resistan a algún tipo de proteína, cereal o grasa, ante la eventualidad de que si la alimentación se dejara a su libre elección, pudieran decidir no tenerlos en su dieta, siendo tan necesarios para los encargos es un lujo que no les podemos permitir, nos dice que mientras están sujetos o sujetas – ya ve con esto del feminismo no sabe uno ni cómo hablar – al contrato, es conveniente mantenerlos aquí para garantizarles a ustedes que su “encargo” estará en óptimas condiciones y el “producto” no huirá por ahí con él – suelta una carcajada – podemos presumirles – agrega – que no hemos tenido ningún incidente lamentable, obvio que implica tomar medidas que a algunos les parezcan extremas, pero créanme que no hay esfuerzo que escatimemos para garantizar que su encargo llegará en las mejores condiciones en el plazo de 9 meses o antes, si nos es posible, porque han de saber ustedes que con la dieta y algunos medicamentos que estamos desarrollando en nuestros laboratorios, ya es posible adelantarnos bastante en el proceso, entiendo que uno quiere las cosas y las quiere ¡ya! Para qué esperar tanto tiempo ¿no? Pero estamos en fase de experimentación y siempre implica sus riesgos, como todo en esta vida.

Pero – lo interrumpo – los productos ¿se sienten bien? Se miran dispersos, no sé, no parecen disfrutar mucho su trabajo – me auto censuro, creo que he abierto la boca de más, el guardia puede darse cuenta que soy un poco sediciosa – sin embargo, responde con bastante calma que su familia lleva generaciones trabajando para esa fábrica, y nunca han tenido ningún problema: no oyen, no se quejan, no sienten, simplemente están ahí. No se sabe a ciencia cierta, si siempre han pertenecido a este lugar, sólo que desde que se tiene memoria han estado al servicio, digo, trabajando para la empresa, llegan unos y después hay otros que los reemplazan, entonces se podrá decir que son felices, evidentemente, no han firmado ningún contrato de manera directa pero alguien con poder suficiente lo hizo, mire – me dijo con un tono más áspero – uno no puede vivir preguntando por qué la tierra es la que gira alrededor del sol ¿verdad? Yo sólo cumplo mi rutina diaria, soy cortés con los clientes, los auxilio en la selección de su vientre preferido y ya, es la parte que me tocó. A veces pienso que es envidiable la posición de los productos, sólo se dejan mantener, uno les proporciona todo lo que necesitan para vivir, es más, creo que si los dejaran en un prado libres ni siquiera sabrían para qué les sirven los pies – suelta una pequeña risita – y sí, es una molestia tener que cuidar al bulto completo por una pequeña parte, pero los avances de la ciencia no permiten extirparles la parte útil y que nos siga funcionando, aunque pienso que cualquier día de éstos se logrará aislar, y pues con lo demás, que hagan lo que quieran. En conclusión, los productos no sufren, siempre han estado así, son como un ciego que nació ciego, es absurdo que tenga nostalgia por los colores, simple y sencillamente porque no los conoce.

Me pareció de pronto que pude haber tenido la “suerte” de ser como cualquiera de ellas, y encontrarme expuesta en una de sus vitrinas, reducida a mi “capacidad de dar vida” “facilidad natural para servir al otro” fue un azar que fueran ellas y no yo la que está postrada en ese cristal, y me pregunté por qué los productos no han decidido marcharse, no parecen felices, no parecen vivos, no parecen personas, no parecen humanos, no parecen humanas o quizá humanas, humanas sí… y un escalofrío me erizó todo el cuerpo ¿Podrán elegir salir de aquí? ¿Será que en algún momento tuvieron una voluntad que las condujo hasta acá? ¿Qué circunstancia tan terrible las convirtió en productos?

De pronto percibo una descarga en mi cerebro, me siento aturdida, abro los ojos y me están desinfectando nuevamente, me depilan perfectamente todo el cuerpo desde los vellos de los dedos de los pies hasta la cabeza ¡quedo totalmente lampiña! Claro que nos dejan las cejas y las pestañas, porque ya calaron quitarlas y nos vemos no humanas, y no sé si eso es indeseable para los clientes. Este proceso de limpieza total se repite cada que “el cliente” tiene cita para vernos, yo resulté óptima para “el proceso” porque ya había tenido “dos encargos” saludables… y empieza el procedimiento de rutina: limpieza extrema llegando a lo más íntimo de nuestro ser … hasta en donde ninguna de mis parejas sexuales han llegado; después, me sacan sangre para analizar si no tengo anemia o cualquier otro padecimiento (enfermedad de transmisión sexual), a sabiendas de que aquí es imposible tener contacto sexual con nadie y estos exámenes generales se repiten cada dos meses para la seguridad de la empresa y de que el cliente se mantenga satisfecho y nos sigan contratando o los sigan contratando a ellos y a nosotros … no sé si es preciso decir nosotros o nosotras, si en algún momento resultó importante ya da igual, ¿quiénes somos nosotras? En una pantalla aparece mi historial médico… a lo lejos escucho “otra vez estaba soñando en voz alta, nos preocupa” y una enfermera inyecta algo en el suero, algo que me tranquiliza las neuronas, me voy apagando… nuevamente abro los ojos y voy regresando poco a poco a la realidad… tras la vitrina.


Lizette Sarahí Enríquez Valencia. Licenciatura en Derecho por la Universidad de Colima. Maestría en Educación por la Universidad de Baja California. Titulación pendiente en Maestría en Derecho con línea en Derechos Humanos por la Universidad de Colima. Ha tomado varios cursos y diplomados en género y derechos humanos. Actualmente es enlace de la Unidad de Género y Derechos Humanos en el Poder Judicial del Estado de Colima.

Correo electrónico: hi_Liz1 @ hotmail.com

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2 Comments

  1. Lizzete quien nos dice que no puede estar sucediendo? La violencia contra la mujer ya rebasó las que la Ley contrmpla y la condición humana de degrada día a día… Mis felicitaciones.

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  2. MUY BUENA RESPECTIVA EN CUANTO AL ABUSO QUE EXISTE CONTRA LA MUJER NO SOLO EN COLIMA, SINO EN TODO EL PAIS, ME DA MUCHO GUSTO QUE EXISTA PERSONAS QUE NO SE QUEDEN CALLADAS ANTE ESTAS SITUACIONES.

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