Entrevista a María José Guerra Palmero: “La regulación de la gestación subrogada es la coartada para alentar el mercado transnacional”

Desde Stop Vientres de Alquiler estamos realizando una serie de mini-entrevistas sobre el tema de la maternidad “subrogada” con el objetivo de contribuir a concienciar sobre la realidad de esta práctica a través de las aportaciones y reflexiones de mujeres procedentes de diferentes ámbitos y experiencias vitales y profesionales.

Esta propuesta nace de la necesidad de visibilizar y concienciar sobre la realidad de los vientres de alquiler y proporcionar herramientas para el análisis y la lucha contra la regularización de esta práctica en nuestro país, así como para su total prohibición a nivel internacional.

Entrevistamos a María José Guerra Palmero, Doctora en Filosofía y Profesora Titular de Filosofía Moral, acreditada a Catedrática, de la Universidad de La Laguna. En la actualidad es Subdirectora de la Escuela de Doctorado y Posgrado de la misma universidad. Ha publicado los siguientes libros: Mujer, identidad y reconocimiento. Habermas  y la crítica feminista (Sta. Cruz de Tenerife. Instituto Canario de la Mujer, 1998), Teoría feminista contemporánea. Una aproximación desde la ética (Madrid. Editorial Complutense, 2001), Breve introducción a la ética ecológica (Madrid. Antonio Machado Libros, 2001), Intervenciones feministas. Derechos, mujeres y sociedad (Sta. Cruz de Tenerife. Idea Press, 2004), Habermas. La apuesta por la democracia (Barcelona, Bona Lletra, 2015).

Ha realizado estancias de estudio en la New School of Social Research (1997, New York University), el Center for European Studies (1998, Harvard University) y el Institute for Environment, Philosophy and Public Policy (2005-2006, Lancaster University).  En la actualidad es presidenta de la Red Española de Filosofía. Sus líneas de investigación incluyen la teoría ética y política contemporánea, la teoría feminista y la ética aplicada, especialmente, la bioética y la ética y política ecológica.


Stop Vientres de Alquiler (SVA): ¿Cuál es la situación de la maternidad subrogada a nivel global?

María José Guerra Palmero (MJGP): En el plano transnacional se han generado “mercados de bebés por encargo” y circuitos transnacionales de negocio de lo que desgraciadamente puede ser considerado como trata reproductiva. El negocio transnacional es uno de los ejemplos de mercantilización de los cuerpos y de consideración comercial de un ámbito, el de la reproducción humana, que debería ser ajeno al “contractualismo”. La sentencia del caso Baby M (1987) en EEUU decretó la prioridad del contrato frente a los derechos de filiación de la madre biológica que era, también, en este caso, madre genética. Fue un hito desastroso.

Las mujeres, que proporcionan los óvulos, las donantes, y las que van a gestar son incluidas en catálogos siguiendo las técnicas del marketing incluso, como hemos visto en España, en ferias comerciales. El poder del dinero es el dato ineludible. Las apelaciones al altruismo generan una cortina de humo en un mundo atestado de vidas precarizadas de mujeres.

El gran tema de fondo es la falta de oportunidades para las mujeres y el mensaje neoliberal de que tu cuerpo, y su “capital reproductivo” es tu baza, pero, al final, al invertir ese capital, tú misma te conviertes en la mercancía y, asimismo, los Hijos del mercado de los que habla María Luisa Balaguer en su último libro en Cátedra.

Si la deriva no se detiene, la distopía de una subclase de reproductoras, como anunciaba Atwood en El cuento de la criada, puede convertirse en una realidad consolidada. La India y Tailandia han reaccionado ante los escándalos poniendo restricciones  a este comercio en 2015. Suecia, tras el informe Wendel, concluye que el altruismo no se puede garantizar.  Desgraciadamente, el cuerpo de las mujeres es un objetivo más para la acumulación capitalista en la era de la globalización.

Las legislaciones son o bien comerciales, de California a la India, o bien altruistas, como en el Reino Unido,  y algunas limitadas a la familia y amistades probadas –con el problema de que las generaciones se fusionan, colapsan, y aparecen las abuelas-madres o las madres-hermanas– como en Brasil o Portugal y, finalmente, nos encontramos con países con legislaciones prohibicionistas. En mi artículo en Gaceta Sanitaria de este año se proporciona una tabla con un resumen del estado de la cuestión por países[1]. El modelo comercial californiano es para ricos y famosos, el resto de los países están al servicio de los que tienen que hacer un esfuerzo económico. La demanda ha crecido porque las agencias hacen una publicidad muy agresiva que se puede consultar en la red. Nadie cuestiona desde la oferta de “servicios reproductivos” que los deseos de paternidad y maternidad no pueden imponer a las mujeres una carga con tantos riesgos psicológicos y físicos porque además, para abaratar costes, se prefieren, en muchos casos, embarazos gemelares.

La autonomía de la mujer, tan recurrida por los defensores de la gestación subrogada, es una quimera. El contrato obliga a la cesión del bebé, en California desde los últimos meses de la gestación ya se inscriben como padres a los comitentes –llamados también padres de intención-. Si la mujer embarazada quiere abortar debe pagar una gran suma a quienes encargaron el bebé. O al revés, puede ser que se le pida que aborte uno de los fetos y que la mujer se niegue por convicciones religiosos. La casuística es copiosa. Por destacar un caso, podemos señalar a Baby Gami[2], un bebé con síndrome de Down que la pareja australiana que lo había encargado no quiso.

Los defensores de la práctica son negacionistas. Niegan toda esta compleja problemática y son insensibles ante los derechos conculcados de menores y mujeres. Un ejemplo de lo que Bauman llamaría “ceguera moral”.

SVA: La maternidad subrogada es un negocio multimillonario en el contexto de la economía global ¿Cuáles son las consecuencias de este mercado trasnacional?

MJGP: Lo he descrito como una gran injusticia global[3]. La globalización deslocalizó la producción y la llevo a otros países, por ejemplo China, para abaratar costes, ahora se sigue el mismo modelo con la reproducción humana. Queda externalizada y subcontratada lo cual significa que

el modelo mercantilista traspasa una frontera moral: la que hay entre cosas y personas.

Por eso hablamos de explotación reproductiva y de vulneración de derechos humanos.

SVA: ¿Por qué cree usted que en nuestro país los vientres de alquiler se sitúan, precisamente en este momento, en el centro de la agenda política de algunos partidos como Ciudadanos y ocupa cada vez más espacio en los medios de comunicación?

MJGP: Business are business. No se va a renunciar fácilmente a dar carta de legitimidad a este negocio transnacional. Al neoliberalismo sexual, del que habla Ana de Miguel, le ha seguido el neoliberalismo reproductivo. Todo lo cual viene a reforzar la condición de subsidiaridad de las mujeres y su déficit de ciudadanía.

El mensaje neoliberal es que no te preocupes por estar desempleada y sin oportunidades, tu “capital erótico” o “reproductivo”, si eres suficientemente “emprendedora” te salvará. Mujeres para consumir, mujeres como medios para satisfacer los deseos de los privilegiados por clase social, nacionalidad o género, mujeres de usar y tirar a las que hay que borrar de la genealogía.

En los contratos de subrogación hay mucho interés en que la madre biológica, la que da a luz, desaparezca, con lo cual también se lesionan los derechos de los menores a conocer su origen. El dictamen del Comité de Bioética de España abunda en esta perspectiva.

SVA: Desde su punto de vista ¿cuáles son las cuestiones claves para comprender el fenómeno de la maternidad subrogada? ¿Qué mensaje deberíamos trasmitir a aquellas personas que tienen dudas con respecto a este tema?

MJGP: La cuestión clave es la demanda. Agencias, abogados y lobby tecnoreproductor se alían con un marketing poderoso. Los receptores de la promesa de la subrogación ya están adiestrados en las pautas del consumo y son pasto fácil de un sector intermediario que se lucra de un negocio más que dudoso.

El pensar el deseo de paternidad como un absoluto que “compra” “servicios reproductivos”, o sea, un bebé, una persona, se ha normalizado y naturalizado. Converge con el sueño eugenésico de bebés a la carta.

Una demanda de privilegiados económicos que romantizan su deseo en sintonía con la retórica neoliberal de todo puede ser comprado y del narcisismo de la importancia de la genética, del hijo/a propio frente al adoptado. La demanda se crea comercialmente – véase Google y sus ofertas- y se desvía de la adopción como práctica social de solidaridad. De hecho, las dificultades a los procesos de adopción parecen estar creciendo y no parece que sea casualidad.

SVA: ¿Le gustaría añadir alguna cosa más?

La regulación es la coartada para alentar el mercado transnacional.

El caso del Reino Unido, con una regulación altruista, lo demuestra. Dada la escasez de madres en el país, se recurre a otros lugares. Una forma de neocolonialismo que hasta los escándalos y los cambios legislativos en 2015 llevaban a las parejas británicas a la India y Tailandia. Alicia Puleo habla de un nuevo tipo de “extractivismo”. La regulación dará pie a más comercio transnacional dando carta de legitimidad a la deslocalización masiva de la reproducción humana. Una enorme injusticia global y una vulneración de los derechos humanos de mujeres y menores.

Descargar entrevista en pdf.


[1] http://www.gacetasanitaria.org/es/contra-llamada-gestacion-subrogada-derechos/articulo/S0213911117301462/

[2] http://www.bbc.com/news/world-asia-28686114

[3] http://feminicidio.net/articulo/la-mercantilizaci%C3%B3n-del-cuerpo-las-mujeres-la-gestaci%C3%B3n-subrogada-nuevo-negocio

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