Entrevista a Judith Bosch: “La maternidad y el sexo no son derechos, son deseos a realizar de manera completamente libre y alejada de tratos comerciales”

Desde Stop Vientres de Alquiler estamos realizando una serie de entrevistas sobre el tema de la maternidad “subrogada” con el objetivo de contribuir a concienciar sobre la realidad de esta práctica a través de las aportaciones y reflexiones de mujeres procedentes de diferentes ámbitos y experiencias vitales y profesionales.

Esta propuesta nace de la necesidad de visibilizar y concienciar sobre la realidad de los vientres de alquiler y proporcionar herramientas para el análisis y la lucha contra la regularización de esta práctica en nuestro país, así como para su total prohibición a nivel internacional.

Entrevistamos a Judith Bosch, feminista radical, escritora y profesional de la comunicación.

Fotografía: Alex Miranda

Judith Bosch ha publicado Buscando a Ruth (Anroart, 2008), Las mil caras del espejo (Veintitrés Escalones, 2010), Amazonas dormidas (Veintitrés Escalones, 2011).  Ha publicado la antologías de microrrelatos de humor negro y crítica social Aperitivos tóxicos y otros relatos (Veintitrés Escalones, 2010) y La sonrisa del estroncio (Judith Bosch, 2016). Ha participado en las antologías Doble o Nada (Huerga y Fierro, 2009), El ojo Narrativo Ecos [2] (Anroart, 2009), Once mensajes en una botella (Septenio, 2009) y Mascotas (La Pastilla Roja Ediciones, 2015). Ha colaborado con artículos, textos y ponencias para la revista cultural Contemporánea, la revista independiente Alharafish, el plan de lectura Leyendo por Canarias, el proyecto de Septenio Autores Estelares Canarios y la iniciativa Leer la Colección del Centro de Arte Atlántico Moderno.

Es colaboradora habitual de Radio Rebelde Republicana, ponente y articulista sobre feminismo en distintos medios, y cofundadora y directora de contenidos de la agencia de Branding & Narrativa Estratégica IMGENIUZ.


Stop Vientres de Alquiler (SVA): ¿Por qué no debe legislarse a favor de la gestación subrogada o vientres de alquiler?

Judith Bosch (JB): Sería volver a legalizar la esclavitud. Dar el primer paso hacia “El cuento de la criada”: miles de mujeres en situación de vulnerabilidad económica que sirven como vasijas para parejas que desean hijas e hijos por encargo. Sería legalizar un atentado contra los derechos de miles de mujeres vulnerables para satisfacer los deseos de parejas pudientes sin conciencia social.

SVA: ¿Qué se esconde detrás de las propuestas de regularización de esta práctica que se están impulsando en España y en otros países como México o Argentina?

JB: Hay un fortísimo lobby compuesto por multitud de empresas que sacan tajada no sólo de los deseos y de la falta de conciencia social de parejas pudientes, sino también de la vulnerabilidad de miles de mujeres.

SVA:¿Qué les dirías a aquellas personas que consideran que es una práctica legítima y que debe regularse?

JB: Les diría que debemos recordar y trabajar conceptos muy básicos pero esenciales para que el mundo camine en una buena dirección. La maternidad y la paternidad no son derechos. Las personas adultas no “tienen derecho” a tener descendencia. Existen sofisticadas técnicas para hacer cumplir estos deseos, pero alquilar a una mujer durante nueve meses y hacer que firme la renuncia a la filiación no es una técnica, sino esclavitud. Este tipo de esclavitud existe desde tiempos remotos. Los hombres ricos que no podían tener descendencia con sus parejas dejaban embarazadas a sus criadas y les arrebataban sus bebés. Se llama desigualdad, por mucho que ahora lo llamemos “gestación subrogada” y lo vistamos de modernidad.

Es una forma de esclavitud tan antigua como el sistema prostituyente, con las mismas raíces, y no debe tener cabida en el SXXI.

SVA: En concreto ¿qué tienen en común la prostitución y los vientres de alquiler? ¿Cuáles son esas raíces que mencionas?

JB: Las raíces son las mismas: utilizar el cuerpo de las mujeres para satisfacer deseos ajenos. La prostitución existe bajo el paraguas de la creencia de que los hombres tienen derecho a tener sexo y tienen derecho a apropiarse del cuerpo de las mujeres para conseguir sexo (en pleno siglo SXXI, aún se dice que el sexo para los hombres es “un instinto irrenunciable que no pueden controlar”). Ese modelo arcaico y patriarcal de pensamiento nos ha vendido durante siglos el sexo y la paternidad como derechos de los hombres sobre las mujeres y, actualmente, trata de vestirse de modernidad para vendernos la vulneración de derechos disfrazada de libertad. “Libertad” de las mujeres que “eligen” no tener derecho de filiación o no tener derecho al sexo libre, cuando les apetezca y con quien les apetezca.

La maternidad y el sexo no son derechos, son deseos a realizar de manera completamente libre y alejada de tratos comerciales.

Lo contrario nos lleva irremediablemente a la esclavitud, la disociación, la miseria y la trata de personas.

SVA: ¿Crees que es una forma de violencia contra las mujeres y las criaturas?

JB: Por supuesto.

SVA: Quienes defienden la legalización de los vientres de alquiler hablan de la libertad de las mujeres a gestar y parir para terceras personas. ¿Qué piensas sobre este tema?

JB: Durante siglos, la maternidad ha sido una imposición social para las mujeres. “No sirves por ti misma. Sirves si eres madre y esposa, que es para lo que están hechas las mujeres”. Durante siglos se nos ha inculcado que lo mejor que podemos hacer en este mundo es llenarlo de criaturas, que no hay nada más importante para una mujer que ser madre. Esta imposición perdura, no de manera tan salvaje pero con la suficiente impronta como para conseguir calar aún en muchas mujeres que realmente están convencidas de que ceder su cuerpo para que otras personas satisfagan sus deseos de paternidad es altruista. Por otro lado, existen mujeres en situación de precariedad que encuentran en esta forma de explotación una manera de llenar la despensa.

El trasfondo de ambos casos es el mismo: la sociedad patriarcal y jerarquizada nos vende a las mujeres la posibilidad de “elegir” no tener dignidad, y a esa posibilidad, cínicamente, se la llama libertad.

SVA: Las personas que defienden el vientre de alquiler dicen que si se legaliza con muchos controles, se evitarían los problemas asociados a esta práctica ¿Qué piensas de esto?

JB: Es lo mismo que se pensaba a propósito de la legalización de la prostitución. Es una falacia mayor y ya sabemos cómo acaba. Cuando el estado da carta blanca y dice “hombres y parejas pudientes, alquilar mujeres es legal, podéis hacerlo”, se abre una veda que trae consigo todo tipo de abusos.

En el momento en el que los cuerpos de las personas se convierten en productos y servicios (no su fuerza de trabajo, sino sus cuerpos), las leyes del libre mercado deshumanizan poco a poco a esas personas y a las personas que las consumen.

En Alemania es habitual encontrar carteles en los burdeles que rezan: “Si dejas marcas o huesos rotos, debes pagar más”. En EEUU nos encontramos con contratos de alquiler de mujeres para gestación que incluyen todo tipo de cláusulas restrictivas: la pareja que te alquila tiene total control sobre tu vida. Se te exige que no te tiñas el pelo, que comas de una manera determinada, que no viajes, que no mantengas relaciones sexuales, etc. Durante nueve meses eres una vasija sin sentimientos ni deseos, a total disposición de esa pareja que te ha alquilado.

SVA: ¿Qué les dirías a las personas que piensan que esta práctica es deseable y que todas las partes ganan?

JB: Perdemos las mujeres, porque retrocedemos siglos y volvemos a situarnos en tiempos arcaicos en los que este tipo de esclavitud era habitual. Y pierde la sociedad en su conjunto; una sociedad en la que los cuerpos de las personas pueden ser alquilados para satisfacer deseos de otras personas es una sociedad enferma destinada al fracaso. ¿Ganan las parejas pudientes? ¿Qué se gana alquilando el cuerpo de una persona? ¿Valores, crecimiento personal y profesional, libertad, bienestar individual y social?

No, no ganas nada de eso: te conviertes en un monstruo inhumano que entiende a las personas como cosas. Para colmo, en una sociedad enferma que lo consiente e incluso te anima a hacerlo.

SVA: ¿Cómo influye la conceptualización del amor romántico en la decisión de algunas mujeres a participar en este proceso?

JB: Es determinante.

El concepto de la mujer como “feliz intermediaria” al servicio de los deseos de otras personas sienta las bases de este tipo de esclavitud.

Influye en la mujer que cree necesitar el “servicio” de otra mujer para “darle hijos a su pareja” y, por supuesto, influye en la mujer que cree que lo mejor que puede hacer con su vida es ser madre y que llega a plantearse por qué no gestar para otras personas.


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